Mejoran la protección de los tesoros arqueológicos de La Palma


Las instalaciones del Parque Nacional de La Caldera de Taburiente han experimentado una serie de mejoras en el último año. Entre las actuaciones llevadas a cabo en tal sentido, el director del recinto natural, Ángel Palomares, destacó «la colocación de un vallado perimetral para proteger la estación de petroglifos del Lomo Gordo, por encima de la pista de Ferrer, con paredes de piedra y tubos redondos de acero inoxidable». El referido yacimiento de grabados rupestres está formado por una serie de espirales y meandros, precisó.

En el interior de La Caldera de Taburiente, donde se han censado en torno a unos 500 petroglifos, sobresalen asimismo manifestaciones de las referidas características en Tajodeque, Erita de Los Guanches, Bejenado, Llanos de los Alcaravanes y Lomo Estrecho.

La Caldera de Taburiente, explicó Palomares, «debido a su accidentada topografía, no ha sido propicia para el asentamiento humano, por lo que ha permanecido casi despoblada hasta nuestros días». Sin embargo, al ser un enclave dominado por «un pinar claro, con agua y arbustos forrajeros en su interior y matorrales en las cumbres, era espacio ideal para llevar los ganados cuando en otras partes faltaban los pastos». Por dicho motivo, sintetiza, «en los lugares de paso habitual o de estancia para los citados fines, se han encontrado restos de cabañas, cerámicas, material lítico (rocas preparadas para cortar) y grabados rupestres (petroglifos)».

Asimismo, detalla, «los benahoaríes tenían creencias animistas». En concreto, precisa, «adoraban al sol y algunos astros, pero también creían en algún ser superior inmaterial que llamaban Abora». Los ritos de veneración, añade, «lo practicaban en sitios como la Erita de los Guanches, junto al Pico de la Sabina o bien bajo algún monolito, como el Roque Idafe, según cuenta una leyenda».

Ritos de fertilidad. En la zona media del Parque Nacional, abunda, «hay una gran roca donde se tallaron canalitos y cazoletas». Los arqueólogos, señala, «interpretan que allí se practicaban ritos de fertilidad, en los cuales se derramaban líquido a través de esos canalitos». En las cumbres del Parque Nacional de La Caldera, continúa explicando Palomares, «existen montones de piedras denominados aras, que en algún caso eran utilizados para hacer sacrificios».

Fuente: Canarias7

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