Expedición de dos meses para buscar al Yeti


Portada de uno de los libros de Tintin

Portada de uno de los libros de Tintin

Los 7 miembros de la expedición liderada por el veterano “cazador de yetis” y alpinista Yoshiteru Takahashi, partió de Japón el pasado 16 de agosto. Su destino el Dhaulagiri, en el Nepal central, dónde se establecerá el campamento base a una altitud de 4300 metros y dónde instalarán un sistema de cámaras de infrarrojos automatizado a lo largo de una cresta. Durante seis semanas, los miembros de la expedición con la ayuda de su equipo de detección de movimiento vigilarán la zona en busca de signos que demuestren la existencia del Yeti.

Esta expedición es el tercer intento de Takahashi de encontrar a la esquiva criatura. El alpinista japonés, de 65 años de edad, se interesó por primera vez del Yeti mientras se encontraba en una expedición en la región del Dhaulagiri en 1971, después de que alguno de sus compañeros alpinistas vieran una misteriosa criatura cubierta de pelo de color gris de unos 150 centímetros de altura y que caminaba erguida. En 1994, Takahashi, cuando regresó a la región en su primera misión para encontrar al Yeti, localizó huellas del pequeño humanoide en una cueva de montaña y en la que había un fuerte olor a animal. En 2003, en su segunda expedición, Takahashi y su equipo encontró más misteriosas huellas y observó las siluetas de unas criaturas humanoides pero no las pudo identificar desde la distancia.

En la página web del proyecto Yeti Japón 2008, Takahashi describe el avistamiento que tuvo lugar en 2003. “Tres siluetas oscuras se observaron a las 12:25 PM el 27 de septiembre de 2003, sobre la cresta sureste del Gurja Himal”, escribe. “Eran casi humanos y caminaban erguidos sobre dos piernas.”

Según Takahashi, los miembros de aquella expedición desde hacía mucho tiempo esperaban encontrar un Yeti, pero el avistamiento, no obstante, les conmovió. Al mismo tiempo, sin embargo, el avistamiento les trajo una sensación de alivio, ya que confirmó que la criatura existía en realidad y se encontraba allí fuera en alguna parte.

>Con los años, se han recogido en la región testimonios sobre numerosos avistamientos de yetis. El encuentro de Takahashi en el 2003 – el 4º avistamiento conocido que se produjo en el sureste de la cordillera – fortaleció sus convicciones sobre el Yeti. En una reciente entrevista, Takahashi dijo: “El Yeti no es un oso o un mono. Es en definitiva una criatura desconocida que camina sobre dos piernas.”

Lamentablemente, sin embargo, la expedición de 2003, fracasó en su objetivo de registrar una evidencia visual de la existencia del Yeti.

Pero ahora, cinco años más tarde, Takahashi y su equipo están en mejores condiciones que nunca para capturar gráficamente al Yeti, y están seguros de que esta vez tendrán éxito. Takahashi, considera evidente que unas fotografías o un vídeo del Yeti allanará el camino para futuras investigaciones científicas, dice: “Estamos seguros de que podemos demostrar su existencia en esta ocasión, y una vez que lo hagamos, podremos empezar a trabajar para protegerlos.”

Eric Shipton encontró huellas del Yeti

Curiosamente, y a pesar de su inmenso curriculum vitae como explorador y alpinista, Eric Shipton ha sido conocido por un sector de público más aficionado a “misterios sin resolver” que “cumbres sin ascender”. Al británico se le atribuye una de las primeras fotografías de huellas del “Abominable Hombre de las Nieves”. El encuentro tuvo lugar en una de sus viajes al Himalaya, en las inmediaciones del Gauri Shankar. El hecho tuvo lugar al final de la expedición que fijó la ruta de ascenso al Everest, en 1951. Shipton comentó que no era la primera vez que veía tales huellas, pero que esas llamaron su atención por parecer muy frescas, así que las fotografió. Los sherpas le dijeron que pertenecían a los Yetis, a los hombres salvajes, Uno de ellos dijo haber visto uno de lejos dos años atrás en Tyangboche, y pasó a describir a una criatura semihumana y con todo el cuerpo, excepto la cara, cubierto de pelo. El animal mediría casi dos metros de altura, y el sherpa juró que no era ni un mono ni un oso, aunque tuviera cierta semejanza con ambos. Shipton no siguió las huellas porque, según dijo, iban muy cargados y tenían cosas más interesantes que explorar. De vuelta a Londres, fue el primer sorprendido por el revuelo que se armó ante las nuevas “pruebas” de una de las criaturas más famosas de la historia de las montañas.

Fuente: Barrabes.com

Web de la Expedición: http://www.everest.co.jp/yeti2008/