Una teoria más para el asesinato de J. F. Kennedy


Mucho se ha escrito acerca de la muerte de John Fitzgerald Kennedy. Cientos de libros diferentes hablan acerca de conspiraciones que determinaron su asesinato. Para el economista y periodista Walter Graziano, en Nadie vio Matrix (Ed. Planeta 2008): “muchos de ellos son excelentes y, sin embargo, esta gran abundancia de material bibliográfico ha jugado a favor de los intereses de quienes lo asesinaron.

Foto Moorman. Tras el impacto en la garganta Jackie se inclina sobre JFK

Foto Moorman. Tras el impacto en la garganta Jackie se inclina sobre JFK

Los sospechosos de planearlo son tantos: la mafia, los cubanos anticastristas, el FBI, la CIA, el Servicio Secreto, la KGB, Fidel Castro… que termina “reinando” la tesis oficial de la Comisión Warren, acerca de la culpabilidad de un único y solitario tirador: Lee Harvey Oswald”. Graziano da crédito a la línea que investigaba un ex agente de la inteligencia británica (MI 6) que contactó Robert Kennedy, quien no pudo creer en la tesis oficial de Oswald y quien, a su vez, fue rápidamente contactado por agentes del servicio secreto francés, que ya estaban analizando e investigando diferentes pistas, ya que años antes el propio presidente francés Charles De Gaulle había sufrido dos atentados, y creían que tenían conexión con el crimen de Kennedy.

Siempre según Graziano en “Nadie vio Matrix”, esta investigación reservada habría durado desde 1964 hasta 1967, cuando Robert Kennedy recibió el informe definitivo y decidió lanzar su candidatura para las elecciones de 1968. También en 1967, el fiscal Jim Garrison decidió iniciar su investigación de oficio, pues la oficial había sido cerrada por la Comisión Warren, pero no pudo llegar muy lejos y sólo debió limitarse a incriminar a eslabones intermedios del crimen, como lo muestra en su película JFK, Oliven Stone. Pero ese año el fiscal recibió un llamado de una editorial francesa, la cual estaría por publicar un libro que resolvía definitivamente el crimen, y le adelantó incluso el material de lo que sería luego el libro L’Amérique Brule (América se quema), escrito por un tal James Hepburne en francés. Al buscar la editorial, todas las pistas lo llevaron al servicio secreto francés, o a Robert Kennedy y a su ex agente del MI 6.

Y mientras los franceses buscaban volcar el informe secreto a un libro de venta masiva, a publicarse en cuatro idiomas, y Garrison continuaba su trabajo, Robert Kennedy, quien ya conocía los resultados de la investigación francesa, fue asesinado inmediatamente después de ganar las primarias presidenciales de California y a días de asegurar, por primera vez en una conferencia de prensa, que en caso de asumir la presidencia de la nación, podría reabrir, e investigar hasta el final, el proceso judicial oficial del asesinato de su hermano John.

Ese informe, publicado finalmente en Estados Unidos en 2002, bajo el título Farewell América, dice que Kennedy ganó la candidatura, aun cuando el favorito de las elites era Nixon, y que luego sus acciones de gobierno, y sus ideas económicas y antibélicas, lo habían enfrentado con los grandes poderes económicos, como el de la industria de las armas, pero principalmente el del petróleo. Fantasía o realidad Lo que nadie podría imaginar es la teoría que desde la lejana Patagonia, en esta capital, hace dos años comenzó a desarrollar el mendocino Pedro Agüero, planteando la posibilidad de que el peronismo de la izquierda pudo haber estado implicado en el asesinato del presidente norteamericano JFK, el 22 de noviembre de 1963.

El cuerpo de Robert Kennedy tras el atentado contra su vida

El cuerpo de Robert Kennedy tras el atentado contra su vida

Para este ambicioso investigador, el líder de la operación habría sido el doctor John William Cooke, uno de los más cercanos colaboradores del general Juan Domingo Perón, en una conspiración que habría comenzado a idear en una fría celda de la cárcel de Río Gallegos, a principios de 1957, y en la que habrían participado, entre otros, el comandante Ernesto Che Guevara y el comandante Camilo Cienfuegos. Según la teoría conspirativa de Agüero, “Cooke habría estado siguiendo la línea de un programa económico trazado por Perón, que se basaba en dos supuestos, uno de ellos era que la Argentina fuera incluida en el Plan Marshall, y el otro descansaba en que si hubiera una tercera guerra mundial, la Argentina se vería beneficiada por los efectos de la misma”.

En esta línea investigativa, “el autor de los disparos habría sido el comandante revolucionario cubano Camilo Cienfuegos”, quien, a su vez, se habría conocido con Oswald “en Nueva York, a principios de 1953, cuando Cienfuegos era un joven que buscaba el sueño americano, y Oswald, un adolescente, con problemas de comportamiento y de adaptación, en quien habría influido su comportamiento comunista”.

A partir de allí, construye el investigador un relato, según el cual, a partir de un parecido físico notable, Cienfuegos habría utilizado la identidad de Oswald en varias oportunidades, hasta que en un incidente es deportado a México, donde conocería a Fidel Castro. Más tarde volvería a encontrarse con Oswald en la Unión Soviética. Agüero es un apasionado de los ideales de la Revolución Cubana, a quien llamó especial atención la forma en que desaparece Cienfuegos y, a partir de descreer el informe oficial, es que comienza a tejer esta teoría.

El ex policía de Mendoza, quien a su llegada a Río Gallegos cumplió un contrato con el INDEC, haciendo encuestas, y hoy maneja tanto un taxi, como una máquina vial, contó así a La Opinión Austral cómo es que empezó a relacional al líder de la izquierda peronista, y los supuestos intereses económicos para nuestro país, con esa conspiración internacional. “Cooke era alguien obsesionado con la Revolución Cubana, quería llevar a Perón a Cuba, quien le dio el visto bueno, pero no se hizo cargo”, aseguró.

La correspondencia que intercambiaran Perón y Cooke, éste último desde la cárcel de Río Gallegos, y el testimonio de algunos actores locales, son los únicos elementos con que cuenta Agüero para dar forma a su teoría. Le faltan los recursos para continuarla y darle sustento: “poder probar esta teoría, sobre lo comprometido que había estado el líder de la resistencia, conocido como el descartado de la historia, indicar su participación en la historia, de forma positiva o negativa, depende de quién la mire”. La intención final del autor es escribir un libro sobre este hecho.

Fuente: La Opinión Austral