200 nuevas especies de ranas en la tierra de los lemúres


Un equipo internacional de científicos reveló ayer el descubrimiento de 221 nuevas especies de ranas en Madagascar, isla situada en el océano Índico. Se trata de una colección de anfibios pequeños, la mayoría con pequeñas pintas rojas y de ojos muy saltones, de las ranas mantella, típicas de esta zona.

Boophis aff elenae

Boophis aff elenae. Foto Nación.com

También se sumaron a la nueva lista de ranas algunos anfibios de color verde claro –de apenas unos cinco centímetros de largo–, así como otras especies que parecen tener piel de vidrio por su color transparente, describieron los científicos en un estudio publicado en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (PNAS).

Boophis aff miniatus Ranomafanakely

Boophis aff miniatus Ranomafanakely. Foto Nación.com

Según los expertos, muchas de estas ranas fueron observadas en en una o dos localidades de la isla, pero ninguna ha sido descrita fuera de Madagascar, por lo que son especies endémicas del sitio, considerado uno de las más biodiversos del planeta.

Boophis ulftunni

Boophis ulftunni. Foto Nación.com

Bueno y malo. Este descubrimiento significa un incremento de un 83,5% en la cantidad de ranas con respecto al registro que se tenía del año 1991. Esto constituye una excelente noticia para la comunidad científica, pero a la vez es también una gran advertencia.

Zona del descubrimiento. Foto Nación.com

Zona del descubrimiento. Foto Nación.com

Por un lado, el hallazgo confirma que aún hay una amplia variedad de fauna que es desconocida para la humanidad y que, con nuevas herramientas tecnológicas, estas especies serán cada vez más fáciles de detectar y proteger. No obstante, se advierte de que si se extrapola este subregistro de especies a escala mundial, ello puede significar que la diversidad global de anfibios y de otras especies esté subestimada hasta en un 50%.

“Esto indicaría que el avance de la deforestación y del urbanismo está dañando irreparablemente a miles de especies de flora y fauna que ni siquiera están en el inventario mundial”, sentenció David Vieites, del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.

El estudio.

En esta investigación participaron científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, del Museo Regionale di Scienze Naturali de Turín, Italia, y de la Universidad de Técnica de Braunschweig y el Museo Hessisches Landesmuseum de Darmstadt y Museo Zoologische Staatssammlung de Munich, de Alemania. El estudio se hizo en Madagascar por su reconocida biodiversidad. “Para hacernos una idea, mientras que en la península Ibérica hay 30 especies de anfibios y en Alemania unas 20, en una sola localidad de Madagascar puede haber más de 100”, dijo Vieites.

En la Isla los expertos se adentraron en los dos parques nacionales más visitados: Ranomafana y Mantadia/Analamaza. También visitaron áreas que no gozan de ningún grado de protección natural.

En todos los casos se hizo colecta de especímenes de día y de noche durante varios meses. De cada ejemplar se tomó no solo la ranita, sino también una muestra de la planta o ambiente hospedero, es decir, donde se encontró la rana, para determinar su hábitat tradicional o de qué se alimenta.

En la reserva Ranomafana se identificaron 31 nuevas especies de ranas y en Mantadia/Analamaza, otras 10 especies. En los sitios que no eran áreas protegidas se detectó una gran cantidad de nuevas especies de anfibios. Aproximadamente, un 25% de estas especies fueron detectadas allí. Luego, cada una de estas especies fue objeto de un análisis genético. En total, los científicos indagaron en las secuencias de ADN de 1.850 especímenes de ranas tomadas de 170 sitios de la Isla.

“Esto no solo permitió descartar diferencias ínfimas entre una especie, sino también confirmar que aun entre las especies más parecidas hay entre un 6% y un 8% de su genética que las diferencia”, consignó el estudio en PNAS.

Los especialistas también se apoyaron en un análisis acústico de campo. Este consistió en identificar el croar específico de las especies de ranas previamente descritas para así poder percibir variaciones en sus “melodías” y detectar nuevos cantos y, por ende, nuevas especies.

Fuente: Alejandra Vargas/Nación.com

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