Lecciones de Misterio: El primer sismógrafo de la historia


La sala de exposiciones del Museo de Historia de China en Beijing es el hogar de un modelo restaurado del primer sismógrafo de la historia, el Houfeng Didong Yi, un instrumento inventado para medir los movimientos sísmicos y eólicos. Su inventor fue Zhang Heng (78-140 D.C.), un famoso científico de la dinastía Han del Este (25-220 D.C.).

Replica del sismógrafo de Zhang Heng

Replica del sismógrafo de Zhang Heng

A pesar de que el original se perdió hace mucho tiempo, una historia de casi dos mil años asegura su recuerdo. Los estudiosos no han cesado de intentar restaurar la auténtica identidad del sismógrafo, ya que de ese modo no sólo se mantiene el equipo de medición de los movimientos sísmicos, sino que también sirve para comprobar el progreso de nuestros ancestros en la búsqueda de un auténtico espíritu científico con el que “encontrar la verdad y eludir el vacío”.

Zhang Heng, nativo de Nanyang, en la provincial de Henan, fue un estudioso e inventor especializado en astronomía, matemáticas y calendarios. En el año 132 de nuestra era fabricó en Luoyang, que en aquel momento era la capital del imperio, un aparato capaz de determinar la direccionalidad de un terremoto. Contradiciendo la creencia popular de aquella época, Zhang Heng sostenía que los terremotos no eran señales de la cólera celeste, sino tan sólo desastres de origen natural.

El sismógrafo, fabricado en cobre de alta calidad, tenía una forma similar a la de una urna con un péndulo central. El instrumento estaba modelado con el dibujo de ocho dragones en su superficie, que apuntaban con sus cabezas a las ocho direcciones y sostenían en sus bocas ocho bolas de cobre. Debajo de ellos, había ocho sapos con las cabezas levantadas y las bocas abiertas en sentido opuesto al de las bocas de los dragones. El interior del sismógrafo fue construido de una manera muy ingeniosa: durante un terremoto, el temblor hacía que el péndulo perdiera su estabilidad y de este modo se activaba en el interior una serie de palancas. Esto haría que uno de los ocho dragones exteriores liberase la bola de cobre que sostenía en su boca, que a su vez caería en la boca del sapo situado justo debajo del dragón, emitiendo un sonido que ayudaría a la gente a determinar en qué dirección había tenido lugar el terremoto.

Un día, en 138 D.C., el dragón que apuntaba al oeste dejó caer su bola de cobre. Como el dragón anunció, un terremoto tuvo lugar aquel mismo día en Longxi, en lo que hoy es la provincia occidental de Gansu, a miles de kilómetros de distancia. Fue la primera vez que el ser humano fue capaz de detectar con antelación un terremoto. Tan sólo unos 1700 años más tarde, un instrumento similar vería la luz en Europa.


Zhang Heng también fue el responsable de crear la primera esfera celeste conducida por agua para determinar la posición de los cuerpos celestes, que fue cincelada con imágenes de importantes fenómenos astronómicos. La gente pudo observar el movimiento del sol, la luna y las estrellas. Zhang Heng, que fue también un excelente ingeniero mecánico, fue el padre de otros inventos como un águila de madera voladora o una carretilla que permitía contar las distancias recorridas.

La gente tenía en alta estima a este genial científico, y a menudo se ofrecían actividades conmemorativas en su honor. Incluso una cordillera lunar fue bautizada en su honor.

El sismógrafo de Zhang Heng fue reconstruido en primer lugar por un científico japonés en 1875 basándose en la descripción del mecanismo empleado que aparece en la biografía de Zhang recopilada en la Historia de los Últimos Han y también a partir de los descubrimientos arqueológicos existentes. El modelo actual y más conocido fue rediseñado por el notable investigador del museo chino Wang Zhenduo en 1951. Sin embargo, ninguna de las réplicas es capaz de detectar un terremoto.

En 2005, sin embargo, un equipo de siete arqueólogos, ingenieros mecánicos y sismógrafos de la Academia China de las Ciencias, el Museo Nacional y la Administración Sísmica de China anunciaron que habían fabricado una nueva réplica del Didong Yi que significaba un paso histórico hacía una reconstrucción completa del antiguo sismógrafo.

“Lo que estamos exhibiendo aquí es un instrumento científico, no un juguete” dice Tian Kai, comisario segundo del museo de Henan, que añade: “si ponemos en la exhibición un sismógrafo que no es capaz de detectar los movimientos sísmicos no sólo decepcionaríamos a los visitantes, sino que también mostraríamos apatía e irresponsabilidad ante el espléndido legado cultural de nuestra nación”. Tian comenta también que “como un tesoro nacional chino, el Didong Yi es un interesante objetivo para la reconstrucción de la historia científica en todo el mundo. Si no podemos hacer una reproducción satisfactoria, la culpa será nuestra”.

En cualquier caso, hay algunos desacuerdos entre los científicos sobre los principios exactos que se aplicaron al sismógrafo y sobre la forma precisa en que este funcionaba originalmente. Algunos sismólogos extranjeros argumentan que si el sismógrafo de Zhang Heng se basaba en los principios de la inercia, entonces no sólo una, sino dos bolas de cobre deberían caer de las bocas de dos dragones situados en lados exactamente opuestos del instrumento. Otros sostienen que las réplicas actuales se ha n reconstruido tan sólo a partir de suposiciones y con grandes dosis de imaginación, en vez de tener en cuenta los conocimientos actuales, como por ejemplo el aspecto que el dispositivo original tenía en realidad. Algunos investigadores occidentales ha llegado a sugerir incluso que el invento de Zhang Heng nunca fue real.

Feng Rui, un investigador del Centro Sismológico de China que lleva las labores de reproducción, cree que su trabajo permite atestiguar la existencia del sismógrafo de Zhang Heng a través de una colección de datos históricos y análisis simulados plenamente convincentes.

Fuente: Spanish China

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