Cabra Prehistórica Pigmea llegaba a “hibernar”


Los investigadores Meike Köhler y Salvador Moyà, del Institut Català de Paleontologia (ICP-UAB) acaban de publicar un interesante trabajo sobre la fisiología de Myotragus balearicus, un conocido bóvido endémico del Plio-Pleistoceno de las Islas Baleares. El trabajo ha sido publicado en la prestigiosa revista norteamericana Proceedings of the National Academy of Science (PNAS). La investigación se ha basado en el estudio de secciones delgadas de una amplia muestra de huesos. De esta manera han estudiado las características de los tejidos óseos y su tasa de crecimiento. Lo más interesante de este estudio es que Myotragus balearicus presenta una fisiología mas cercana a reptiles como los cocodrilos que a la de un mamífero.

Myotragus balearicus es un mamífero extinguido que es referencia obligada en los libros de Paleontología. Se trata de un claro ejemplo de endemismo que evoluciono en las islas Baleares. Se ha encontrado sus restos fósiles en las islas de Mallorca, Menorca, Cabrera y Dragonera. Los primeros restos se encontraron en cuevas a comienzos del siglo XX, y desde entonces han sido muchos los estudios realizados de este singular bóvido relacionado con las cabras, aunque ninguno había abordado su fisiología.

Las islas y su legado fósil son auténticos laboratorios de la evolución para los paleontólogos. En las islas muchos de los factores ecológicos determinantes del proceso evolutivo son previamente conocidos: área geográfica de pequeño tamaño y limitada, recursos tróficos limitados y ausencia de depredadores por grandes mamíferos. Las islas fósiles, además, nos proporcionan una perspectiva temporal adecuada para estudiar la evolución, gracias a la dimensión del tiempo geológico. Una variable que el estudio de las islas actuales no puede proporcionarnos. Myotragus vivió más de cinco millones de años en las islas Baleares. Un tiempo muy largo de supervivencia para una especie, especialmente en un área tan pequeña como una isla, lo que implica recursos limitados y fluctuantes. Por ello, los investigadores se han preguntado cómo esta especie pudo tener una longevidad mayor que sus parientes continentales.

La histología de los huesos muestra que Myotragus crecía, a diferencia de cualquier otro mamífero, a un ritmo lento y flexible, parando el crecimiento periódicamente, llegando a la madurez a edades muy avanzadas y mostrando, por tanto, un considerable aumento de la longevidad, tal y como lo hacen los actuales cocodrilos. La explicación del porqué es sencilla. Los mamíferos son animales endotermicos (de sangre caliente) y, al contrario que los animales ectotermos (de sangre fría) gastan mucha energía en mantener una temperatura del cuerpo constante. Cuando los recursos son pocos, se seleccionan los individuos que queman menos energía, es decir, los individuos con un metabolismo más bajo. Esto implica, sin embargo, un crecimiento a un ritmo mucho más lento, llegar a la madurez más tarde y vivir durante más tiempo. Los investigadores  sugieren que Myotragus, a pesar de ser un mamífero endotérmico, podía pasar temporadas en estado letárgico, cuando las condiciones climáticas y con ello, la falta de recursos, hacían difícil la vida de estos mamíferos isleños.

Actualmente, el único gran mamífero que hiberna son los osos. Se trata de animales peligrosos que sufren escasa depredación. Además, durante su hibernación pueden despertarse en cualquier momento y nunca bajan su temperatura por debajo de los 20 º C. Myotragus balearicus compartía con los osos la ausencia de amenazas de depredadores, gracias a ser un animal insular, y eso le permitió no sólo reducir su metabolismo en momentos difíciles, sino llegar a detener su crecimiento, retrasar su edad de reproducción, alargar su longevidad (años de vida) o dejar de alimentarse en momentos críticos, tal y como lo llegan a hacer los animales de sangre fría (por ejemplo los cocodrilos) o los animales heterotérmicos (pequeños mamíferos como los hámsteres, los murciélagos o las ardillas).

Fuente: Aragosaurus

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