La conspiración del oro y todos contra Obama


A sus 75 años, Ron Paul acaba de sacar a relucir de nuevo su particular teoría de la conspiración. Dos veces fracasado aspirante a la presidencia de EEUU, pero ya con siete mandatos a sus espaldas en el Congreso, este representante republicano de Texas insiste: ya es hora de que se haga una auditoría sobre el oro de Fort Knox, a ver si queda algo.

El veterano congresita Ron Paul encabeza la denuncia de la conspiración del oro de Fort Knox

Sus más recientes declaraciones van envueltas en un lenguaje sobrio y educado, pero llevan vitriolo: ‘La Reserva Federal no dice nada y son ellos quienes deben probar que el oro está ahí. Hay razones para sospechar, pero en el mejor de los casos, ¿por qué no van a tener una auditoría?’. Ron Paul tiene algo a lo que aferrarse, efectivamente: el último recuento oficial de las reservas de oro norteamericanas fue hace más de medio siglo, en 1954.

Considerado en función de sus pautas de votación como el legislador más conservador del país, que ya es decir, Ron Paul no es la primera vez que airea en público la leyenda urbana sobre oscuras maniobras de anteriores presidentes cuyos gastos bélicos en Vietnam y otros lugares habrían obligado a vaciar las arcas.

Pero aunque los datos oficiales del Fondo Monetario Internacional y del Consejo Mundial de Oro certifican que EEUU seguía siendo a finales del año pasado el primer país en reservas, con 8.965 toneladas, Ron Paul anuncia que presentará una proposición de ley para obligar a la auditoría. En realidad, sigue buscando copatrocinadores desde el año pasado. Y al mismo tiempo, otra organización ciudadana en lucha contra lo que llaman el Trust del Oro también también quiere que se contabilicen las reservas. Paradójicamente, se apoya en las promesas electorales de Obama sobre transparencia, pero la exigencia viene a sumarse a todo el catálogo de reivindicaciones, protestas y ataques contra el presidente. Una campaña que comenzó desde el primer día, pero que ahora se ha convertido en algo agobiante.

Desde 2009 existen decenas de articulos que ponen en duda que oro de Fort Knox sea real

Desde 2009 existen decenas de artículos y teorías que ponen en duda que oro de Fort Knox sea real

Este martes, tres días después de la manifestación en Washington frente al monumento a Lincoln convocada por el presentador de TV Glenn Beck para ‘Restaurar el honor’, políticos y medios siguen discutiendo sobre el número de participantes: desde 56.000 hasta casi un millón. El acto se convirtió en una concentración anti-Obama, que en los últimos días ha tenido que escuchar cómo un banquero le llamaba nazi y otro que le había apoyado se volvía contra él por la nueva ley que limita el salario de los altos ejecutivos.

Es decir, que después de haber rescatado a Wall Street y a las grandes empresas que se hundían en la crisis financiera, ahora le dan bofetadas. No hasta en el carnet de identidad, sino hasta en la partida de nacimiento: cada vez hay más ‘birthers’, gente que duda de que Obama sea ciudadano norteamericano. Creen que es un invento su nacimiento en Hawaii y que por lo tanto no estaría habilitado para ser presidente. Incluso quienes no llegan a tanto ya lo califican como ‘el peor presidente de la historia’, sin tener en cuenta que será prácticamente imposible que nadie baje tanto en respaldo como Bush hijo.

La presión es como para ahogar a cualquiera. Si se va de vacaciones, se va demasiado. Si visita Nueva Orleans en el quinto aniversario del huracán Katrina, pasa poco tiempo. Si dice que es cristiano, es que es musulmán, que para eso su segundo nombre es Hussein. El propio Beck lo calificó directamente de ‘racista’. Y a todo esto, como los datos económicos no ayudan demasiado, los latigazos ya no llegan sólo desde la derecha. Un editorial de The New York Times titulado ‘En espera de Obama’ y una columna de Paul Krugman en el mismo periódico muestran su contrariedad ante la aparente incapacidad para intentar algo más en la búsqueda de la reactivación. Y temen que esa timidez lleve a la ‘catástrofe’ electoral del propio Obama y del partido demócrata.

Fuente: Capital Madrid

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