La NASA prueba tecnología para Marte en la Cañadas del Teide


La única posibilidad actual de estudiar vida fuera de la Tierra es hacerlo en Marte. El resto de planetas candidatos a albergar seres vivos están a tantos miles o millones de años luz que la tecnología actual impide llegar hasta ellos. Por lo tanto, el misterio (al menos, el alcanzable) de la vida en el Universo está en el Planeta Rojo. Las agencias espaciales europea (ESA en sus siglas en inglés) y americana (NASA) se han unido para destripar los secretos geológicos y astrobiológicos de Marte. Y en este esfuerzo Tenerife tiene y tendrá mucho que ver.

Imágenes de las pruebas. Foto: Diario de Avisos

El geólogo planetario del Centro de Astrobiología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Jesús Martínez-Frías lleva desde 1987 colaborando con los científicos del Organismo Autónomo de Museos y Centros (OAMC) del Cabildo de Tenerife. Juntos han identificado varias zonas de la Isla como análogas de Marte, es decir, donde se reproducen características del Planeta Rojo.

La tesis más extendida es que los procesos prebiológicos tienen mucho que ver con alteraciones químicas de los materiales volcánicos primitivos. Algo que puede ser común entre la Tierra y Marte. Este grupo de investigación ya ha detectado fósiles de bacterias de entre cinco y seis millones de años en un espacio submarino de la cordillera de Anaga, que, con toda probabilidad, se generaron en la interacción del material volcánico con el agua. El Teide también es un análogo ideal de aquel planeta pues ha sido protagonista de los mismos procesos de interacción entre agua y material volcánico, aunque en el ambiente aéreo. Los llamativos colores de Los Azulejos en Las Cañadas del Teide son un signo de estas relaciones y, por ello, tienen un importante interés científico para contrastar con los datos que se extraen de Marte.

Fernando Rull es catedrático de Mineralogía y Petrología de la Universidad de Valladolid y también investigador principal de Raman, uno de los instrumentos que viajarán a Marte en la misión conjunta ESA-NASA Exomars de 2016 y 2018. Esta semana se trasladó junto al resto del equipo- hasta Las Cañadas del Teide para probar in situ dos prototipos de instrumentos, denominados Raman y Libs, que permitirán caracterizar las rocas a través de técnicas láser. En este trabajo de campo les acompañó el investigador de la NASA Goestar Klingelhoefer, uno de los científicos que halló los primeros indicios de agua en Marte y que participa activamente en las nuevas misiones.

El trabajo de este grupo de investigadores se conjuga para descubrir cómo la combinación de temperaturas, presiones, minerales y agua da lugar a reacciones químicas más complejas que son “la génesis de moléculas químicas más complejas prebióticas”, explica Fernando Rull, y recuerda que el proceso de la vida es “muy lento” y que “es extremadamente difícil conocer el nexo entre estas formas de vida primitivas y un ser vivo con capacidad de reproducción”.

Su trabajo en el Teide consistió en probar los instrumentos Raman y Libs y en realizar, con ellos, un estudio de los minerales, tal y como hizo ya en el Jaroso, en Río Tinto; en el campo de Calatrava o en las expediciones en el Ártico.

Además, las rocas del Teide caracterizadas servirán como modelos y estándares de los minerales que se analicen en Marte pues siempre, para “determinar si hay condiciones específicas marcianas, hay que tener un modelo”, explican los investigadores.

“Lo que tenemos claro es que Tenerife tiene las condiciones idóneas para convertirse en un análogo de Marte y atraer a grupos internacionales de geología planetaria”, remarcó Martínez-Frías quien insistió en la importante colaboración con los científicos locales tanto de la Universidad de La Laguna como del Museo de la Naturaleza y el Hombre del OAMC. La analogía con Marte sería un atractivo científico más que explotar, como la astrofísica o la oceanografía. Podría dar muchos retornos a la Isla. Los instrumentos que se probaron en el Teide inicialmente iban a conformar un único aparato que llevar a Marte en 2016, pero los recortes por la crisis han hecho que de momento sólo viaje Raman.

La técnica Raman debe su nombre al premio Nobel hindú que la ideó en 1928 y consiste en utilizar un láser para iluminar cualquier material. Cuando esa luz rebota, hay una parte mínima del espectro lumínico invisible al ojo humano que está ligerísimamente perturbada por las vibraciones atómico-moleculares del material iluminado. El tipo de perturbación da las claves de la atómica-molecular del objeto iluminado, esencial para identificar la estructura del compuesto.

El instrumento Libs es complementario y consiste en usar el láser de manera pulsada, con más intensidad, lo que logra una excitación mayor de los átomos, a una escala aún menor, que reaccionan a esa luz. Ello permite identificar todos los tipos de átomos que hay.

¿Nos darán estos milimétricos láseres la primera noticia de vida marciana

Fuente: Diario de Avisos.

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