Stephen King reabre el interés por JFK con su nueva novela


A medio día, el coche descapotable presidencial avanzaba por las calles de Dallas. El entonces presidente de los Estados Unidos, JFK Kennedy, sonreía y saludaba a la multitud desde el asiento trasero. Junto a él, la primera dama, Jacqueline Kennedy, vestida de rosa intenso, hacía lo propio. Luego, resonaron tres disparos de un rifle. Y el pueblo estadounidense se sobrecogió.


La escena aconteció el 22 de septiembre de 1963, una fecha incrustada para siempre en el recuerdo colectivo de los estadounidenses. Todo ciudadano de los Estados Unidos recordaría desde entonces aquel día y dónde estaba cuando asesinaron a Kennedy. Ahora, casi 50 años después, el escritor superventas Stephen King publica su nueva novela titulada como la triste efemérides. Es 22/11/63, un libro que plantea una pregunta a la que casi la mayoría de los americanos diría yes off course (sí, por supuesto).


La pregunta no es otra que esta: ¿Impedirías el asesinato de Kennedy si pudieras viajar en el tiempo? Bajo esta premisa, King traza su nueva trama. El protagonista de 22/11/63, Jake Epping, es un profesor de inglés de un instituto de Main, que tendrá como misión regresar al pasado y perseguir a Lee Harvey Oswald para que no dispare su rifle en Dallas. Para ello, el novelista estadounidense propone desde el principio la excusa fantástica del viaje al pasado, como ya lo hiciera H. G. Wells en La máquina del tiempo. Sin embargo, King descarta el artefacto y apuesta por un pasadizo. Así, Jake Epping conoce la manera de retornar al pasado gracias a su amigo Al Templeton, dueño de una hamburguesería. En su local, la puerta trasera de un almacén permite retroceder hacia los años 50 y 60. Epping acepta el reto.

Como le pide un moribundo Al, afectado de cáncer, intentará salvar al 35º presidente de los Estados Unidos. Sin embargo, como toda novela de Stephen King, el desenlace no siempre termina en final feliz. A lo largo de casi 900 páginas, los lectores seguimos los pasos del profesor de inglés en su regreso a aquella ciudad de Dallas de los inicios de la década de los 60. Poco a poco, descubrimos si es posible impedir que un asesino mate a un presidente.

El argumento avanza hasta un nuevo giro. Si Jake Epping salva a Kennedy, ¿cómo cambiaría el mundo tras esta modificación de la Historia? Es la segunda cuestión que nos plantea Stephen King. No desvelaremos nada, pero todo lector de King ya sabe la respuesta. El escritor sostiene sus novelas bajo el mismo axioma.

“Cuidado con lo que deseas, porque siempre se cumple y el resultado es mucho peor de lo que te imaginas”. Esa es la mecánica que siempre domina las tramas de King. El desenlace de la novela lo certifica. Lo que está claro es que Stephen King llevaba dentro este libro desde hace más de 40 años. Lo confirma él mismo en el epílogo de 22/11/63, bastante esclarecedor, por cierto.

Ahí, King sale de la novela y ensaya. En dicho epílogo, descubrimos lo que piensa el escritor sobre la teoría de la conspiración que sostiene que Larry Harvey Oswald no pudo asesinar a JFK él solo, sin un entramado detrás. En estas últimas páginas no noveladas, King nos confiesa que él descarta esa creencia. Y que sí, que Oswald fue el criminal. Nadie más. Ni complices ni manos negras.

Oswald actuó solo. Es muy, muy difícil, que una persona razonable crea otra cosa. La explicación más sencilla suele ser la correcta”, escribe King en el epílogo de una novela que lleva más de un millón de ejemplares vendidos en EE UU.

Fuente: La Información.com

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