La curiosa historia de la babosa rosa gigante de Australia.


Desde hace ya un tiempo, los visitantes del Parque Nacional de Monte Kaputar, en Australia, se encuentran con una curiosa especie. Se trata de una babosa de un intenso color rosa, casi fosforescente. Y esta especie no sólo es curiosa por su aspecto, también por su biología.

Esta babosa pertenece a la especie Triboniophorus graeffei. Se trata de una subespecie muy concreta, localizada únicamente en la zona alpina del Monte Kaputar y en ningún otro lugar del mundo. Su población no es muy grande pero tampoco resulta difícil encontrarla cerca de las rutas de montañismo que ofrece el parque.

Lo primero que destaca es su color. Estos animales son de un color rosa muy intenso, que utilizan como señalización para sus depredadores. Al tener un color tan llamativo resultan fáciles de localizar, pero prácticamente ningún animal se alimenta de ellos. Tienen un sabor muy desagradable, y avisan de ello con sus tonos fluorescentes.

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Otra cuestión que llama la atención es su tamaño. No es la babosa más grande del mundo, pero con unos 20 centímetros de longitud, tampoco es un animal pequeño.

La cuestión más interesante en torno a este invertebrado es su historia evolutiva. El hábitat natural de esta especie son los bosques tropicales húmedos. Es decir, selvas. Necesitan de un alto porcentaje de humedad en el aire para sobrevivir. Y sin embargo vive en Australia, que es una zona subtropical seca.

Entonces, ¿cómo es posible que se de una población allí? Hace aproximadamente 20 millones de años, lo que es actualmente Australia tenía un clima muy distinto. De hecho, era una zona de selva tropical. Poco a poco, al irse moviendo los continentes y modificarse el clima, fue cambiando su ecología. Y este debería haber sido el final de la babosa rosa.

Sin embargo, en la zona del Monte Kapunar entró en erupción un volcán. Éste formó una montaña de cierta altitud – algo más de 1.500 metros. Y a lo largo de sus laderas, se fueron manteniendo especies que no podrían sobrevivir en el clima de las zonas de alrededor. En biología, a este tipo de ecosistemas se les conoce como relictos, y a las especies que sobreviven en ellos, especies relícticas.

Evidentemente, la babosa rosa no es la única especie relíctica que se puede encontrar en el Monte Kapunar. Para empezar, gran parte de la vegetación está formada por organismos que tienen poca relación con las de los alrededores. Sorprendentemente, también quedaron allí miembros de otras tres especies de babosas de tipo tropical. Y algo que puede explicar el color tan llamativo de la babosa rosa: las otras tres especies que se quedaron con ella son caníbales.

Fuente: Yahoo Noticias

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